viernes, 23 de enero de 2009

LOS RESTOS DEL FUEGO

CAP I
Era una noche lluviosa.La niebla envolvía a los valientes guardias de agudos ojos y hacía brillar las gotas formadas en sus armaduras y arcos.El mozo de cuadras salía del establo y se dirigía al pueblo de al lado, pues el invierno llegaba y pronto necesitarían provisiones. Habíendose despedido de los guardias, se encaminaba por el sendero de la costa, cuando unas fornidas siluetas rodearon al chico. Aquella sería la primera víctima,pero no la última...
La niebla bloqueaba la vista, aunque aquella masa era visible a leguas. Ya era tarde cuando sonó la alarma:-¡¡¡ORCOS!!! ¡A las armas,se nos echan encima!-gritó un guardia.
Orcos,abominaciones humanas,bárbaros amantes de la sangre,lucharían entre ellos(de hecho lo hacen)si no fuese por la existencia de otros lugares que conquistar aparte de sus sucios campamentos.
De inmediato,un grupo de soldados salió del portón,mientras los guardias disparaban a los enemigos que avanzaban por la colina.Los soldados marchaban en filas de cuatro,rígidos,pero estaban aterrados ,ya que un orco igualaba a cinco en combate,unido a que atacaban en vasta masa,una masa verde y arrolladora.
Los orcos derribaron las torres;los guardias cayeron al vacío,para quedar ensartados en los largos cuernos de los jabalíes y las lanzas de los jinetes ,que fueron los que derribaron las torres.El primer contacto fué una masacre.
Los orcos,viendo tan fácil su victoria,dejaron los restos a sus primos ,los goblins;débiles individualmente pero muy numerosos,que normalmente cubrían la retaguardia.
Las puertas del castillo se abrieron ,dejando paso a un grupo de novatos que se encontró con los orcos,aunque de lejos e intercambiando posiciones con sus primos.Los jóvenes paladines corrieron temerariamente,para caer en una trampa que tendían los goblins, ligeramente más listos que los orcos. De entre los restos de las torres de madera surgieron una treintena de arañas con sus respectivos jinetes,que atacaron con malicia.
Un joven especialmente afortunado(debido a una buena estrella poco usual)estaba siendo separado del grupo,y llevado más adentro para un duelo con el orgulloso caudillo goblin.
El pequeñajo caudillo esperaba con ansias de combate a la llegada de algún prisionero cuando
los pequeños pielesverdes le trajeron su primer retado.El joven,sorprendido al ver dónde había acabado,tuvo que enfrentarse al caudillo a vida o muerte.La ansiosa muchedumbre verde coreaba a su caudillo,el cual no paraba de dar mandobles a diestro y siniestro.El joven,armado con una simple daga plateada,de tradición familiar, se veía enfrentado a un goblin armado y montado en araña.Mientras retrocedía para esquivar los mandobles,el joven,daga en mano, se resbaló debido a una zancadilla de un hincha goblin,pero esto le salvó de una envestida de la araña,la cual no se percató,ni siquera su jinete, de que el afortunado joven se encontraba debajo preparando un tajo que derribaría a la araña.Con la daga,el joven desgarró el vientre de la araña,que se desplomó tirando al jinete de su montura.El caudillo,que no llegaba a la rodilla del joven,huyó del corro de goblins estupefactos justo cuando un grupo de paladines que había salido ileso de la trampa, avanzaba hacia ellos.Lo único que quedó del caudillo fue un montón de sangre y huesos y, al verlo, la muchedumbre goblin, huyó despavorida.Tras ese suceso,el joven grupo estalló en gritos y vítores,mas esa alegría no duró mucho.Un grupo de orcos aullaba en un frenesí de ira al ver a sus parientes batiéndose en retirada.Cuando los primeros gritos sonaron,la batalla había llegado a su cenit.
CAP II
Un tímido haz de luz se filtraba entre los recovecos,y una peste nauseabunda invadía el ambiente.
Un calambre recorría cada parte, tejido y célula de su ser.Un lejano susurro jugueteaba en su mente.Al instante una sacudida le hizo doblarse casi por instinto para esquivar una hoja de tosco acero que penetraba en los cadáveres a su alrededor, extinguiendo el lejano susurro que suponía los quejosos gemidos del compañero moribundo.Una rendija entre los cuerpos ya sin vida le pemitió ver la verde piel manchada de rojo de una figura alta, de aspecto simiesco,que rebuscaba entre los cuerpos. En su cara se denotaba una mueca de repulsión,cuando una pequeña hacha le atravesó la armadura.
Un hombre de constitución corpulenta agarraba el hacha cuando el orco cayó sin vida.Este le aferró del peto metálico y tiró de él al ver que se movía.El joven, llamado Kashim, se encontró con la cara de incredulidad del veterano, cuya reacción no fue otra que:
-¡Benditos por los ojos del de Arriba,eres el único al que encuentro de una pieza!
El veterano, con una alegría infantil, le dijo su nombre:Laur.
Tras vagar por el campo durante horas en busca de vida, no encontraron más que armas y algún que otro sustento.
CAP III
Después de pensar hacia dónde irían, decidieron ponerse en marcha hacia una pequeña aldea en el sur de la costa,oculta entre los árboles de una marisma,que les proporcionaría alimentos y refugio.
Al llegar cerca de la costa les sorprendió no ver rastro de las barcas mercantiles que por aquella época surcaban la costa para traer víveres y pieles.
Cuando llegaron al pueblo, una escena desoladora les dejó petrificados.
Esparcidos por el suelo yacían inertes los cuerpos de mercantes y pueblerinos de todas las edades.
-No ha podido ser otra cosa que la horda que perseguimos-exclamó Laur, cuando a Kashim
se le vinieron a la cabeza los recuerdos de la matanza.
CAP IV
En mitad de la calle ondeaba un olor fétido; en ese instante, a Kashim le pareció escuchar un murmullo prolongado cerca de la plaza.
Dirigiéndose a la plaza, Laur le preguntó:
-¿Qué diablos te pasa?Estás muy pálido.
Kashim, pálido como la nieve de Enero, llegó a la plaza, cuando vió algo que le puso furioso.Entre los escombros de un edificio en llamas, una joven estaba atrapada debajo de una viga, mientras que unos orcos cubiertos de harapos sangrientos se preparaban para el golpe de gracia.
De repente, una flecha derribó el hacha de rudimentaria creación, al tiempo que una gemela clavaba al otro orco contra una viga ardiendo.Mientra el orco aullaba de dolor y Laur destrozaba al orco indefenso con su pequeña hacha de lanzamiento y un mandoble, Kashim no pensó otra cosa que:
-Ni siquiera he visto las flechas ni su lanzador, sin duda son un milagro.
CAP V
-¿Quiénes sois?-una voz suave parecía llegar desde cada edificio-No toquéis a esa chica o sufriréis las consecuencias.
Ante la amenaza, Laur retrocedió.
-¿Ante "qué" excelente tirador nos encontramos?-exclamó Kashim, al darse cuenta del engaño del eco-Solo queremos ayudar.
-Demasiado tarde.-dijo Laur-Se ha ahogado.
La joven yacía inmóvil debajo de la viga que, ante su descomunal peso, había ahogado a la joven.
Enseguida un lamento estremeció a los dos y una delgada silueta asomó por un balcón.
CAP VI
L a silueta resultó ser no otra cosa que una muchacha morena,cubierta de cenizas, para camuflarse entre los escombros.Se llamaba Shamina.La horda había pasado de regreso, y había aprovechado para hacerse con provisiones, las cuales dada la voracidad de los orcos no durarían más que unos días.
-Creo que han marchado hacia el bosque;-el rostro de Shamina denotaba cierta inquietud-deberíamos encontrarlos allí-ella parecía haberse percatado de las ansias de venganza.
-Si tienes razones para ello, puedes acompañarnos-dijo Kashim.
En un bosque cercano,se elevaba una columna de humo, la cual delató el puesto orco.
CAP VII
Tras acercarse sigilosamente, Kashim sacó la daga y acabó con un pequeño goblin que observaba nerviosamente la verdura del bosque.Inmediatamente, un reflejo del sol le recordó que se hacía de noche,debía darse prisa.Tras encontrar un hueco en una tienda de piel recién colocada,se introdujo en la apacible tienda vacía, mas un grito lo distrajo de su tarea.Al salir del la tienda,se encontró con Laur y Shamina rodeados por un coro de orcos, armados con toscas hachas de caza.
La pierna derecha de Laur había quedado atrapada en un cepo de conejos, y el que parecía el caudillo,muy magullado, alzaba una rebanadora dispuesta a acabar con la cabeza de Laur;inmediatamente, un reflejo sacudió a Kashim que derribó, en su frenética carrera para detener al caudillo, una antorcha que prendió el suelo lleno de hojas; los orcos y el caudillo se dieron la vuelta en el momento en que Shamina liberó a Laur, y los tres escaparon del anillo ardiente que se cernía sobre el caudillo y los pocos que habían ganado la batalla.

Mientras obsevaban la inmensa fogata, Kashim fue invadido por una increible paz.
Al día siguiente caminaban entre los rescoldos, bajo una intensa lluvia que apagaba los árboles prendidos por las llamas de la noche anterior, mientras cada uno pensaba en qué haría a partir de ese momento.


FIN