Bueno, todo comenzó un martes, en concreto el martes 17 de noviembre de 1997. Yo ya había pasado los exámenes teóricos para entrar en la Policía Nacional. Sólo me quedaba un pequeño test de personalidad, y, como entrar en la Policía había sido desde siempre mi sueño, no quería fastidiarla en eso. Me condujeron hacia una habitación donde no había nadie y me dijeron que esperara al comisario, porque él sería quien me hiciera el test. Seguí esperando unos diez minutos en una habitación un tanto oscura y con varios espejos. De repente, escuché unas voces de enfado y me asusté. Oí a unos hombres detrás del espejo amenazándose de muerte y fui a comprobar lo que pasaba, crucé la puerta que estaba cerca de un espejo y cuaĺ fue mi sorpresa al ver a dos policías rodeados de bolsas de cocaína y a otro individuo muerto en el suelo. Un policía me apuntó con la pistola y me dijo que me llevara las manos a la cabeza, a continuación supuse que eran dos policías corruptos que almacenaban droga en esa habitación.
Me encontraba en una situación un tanto extraña, así que con mis conocimientos de policía me dispuse a escapar. Esperé a que los hombres me quitaran la vista de encima un segundo, y en un instante justo hice una carrera hacia la salida. Pasé por el campo de tiro, el de entrenamiento y la piscina, pero los policías no me siguieron. En ese momento mi vida cambió para siempre, ya que era un blanco perfecto para la policía corrupta.
A partir de entonces mi vida pasó a ser un juego entre la vida o la muerte. Fui a mi casa, pero al segundo día empecé a reflexionar y me fui de allí, con mis cosas más valiosas, a casa de mi novia. Yo la llamaba Cris, un diminutivo de Cristina. Era muy guapa, rubia, de piel morena y con ojos azules. Para mí era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida. Ella me acogió en su casa y me dio escondite.
Después de cinco días fui a mi casa y comprobé que había sido registrada y me habían quitado una foto de Cris. Tuve miedo pero
Pasaron horas, y de allí no salían, estaba cansado pero ahora sé que no hay nada más poderoso que un amor, y aguanté. Pasaron cuatro horas hasta que me dispuse a entrar, aunque mi vida corriese mucho peligro. Vi una pequeña ventana en el lateral derecho del edificio y miré para saber lo que hacían. Cuaĺ fue mi sorpresa al ver que estaban pegándole a Cris, querían saber dónde me refugiaba. Ella se resentía pues era la más fiel de todas las mujeres y sé que jamás me delataría. Al cabo de un rato no aguantaba ver cómo le pegaban y di un grito que se pudo oír de allí a un kilómetro a la redonda. Un grito seco, que hizo callar hasta a los pájaros. Ellos me oyeron y salieron por mí.
Yo corrí, mirando atrás y vi fijamente cómo Cris se arrodillaba y un comisario jefe corrupto la apuntaba con una pistola. Temblé por unos instantes y oí un tiro directo a su cabeza. Las lágrimas se derramaron de mis ojos al ver a la persona a la que más amaba muerta en el suelo.
Me derrumbé en la tierra que rodeaba la nave industrial. Los policías me atraparon y me pegaron, hasta que me metieron en un coche y me llevaron a la comisaría. Me llevé algunos días dándole vueltas a porqué tuve que entrar en esa habitación y ver aquello. Al cabo de cinco días en los calabozos, me llevaron a juicio, yo di mi testimonio y los policías el suyo. El juez no me creyó, puesto que jamás me creerían sin pruebas concluyentes, ya que habían tirado el cadáver al río, ni siquiera lo habían buscado, y no se creyeron el asunto de la droga. Me condenaron a 30 años de prisión por el asesinato de Cris, y almacenamiento de droga. Me acusaron de todos sus crímenes y yo pagué por ellos. Ahora llevo 25 años y me van a caer otros 30 por lo que voy a hacer esta tarde.
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Son las 16:00h, he sobornado al carcelero y me dirijo hacia el cuartel. Acabo de entrar, he visto al comisario jefe que mató a Cris, le he apuntado con una pistola de mano que me pasó un conocido, y mirándole a los ojos le he dicho: " La suerte está echada..."